Cuaderno de Campo (II)

Portada del libro “El alfar romano de Villamanta (Madrid)”, de Mar Zarzalejos Prieto, con fotos de hornos y estructuras excavadas en Viña del Pañuelo.
Portada del estudio de Mar Zarzalejos Prieto sobre Viña del Pañuelo: hornos, estructuras excavadas y pavimentos asociados al taller cerámico.
Viña del Pañuelo: el primer alfar romano documentado científicamente en la Comunidad de Madrid
1) Por qué este sitio merece una entrada larga

Hay yacimientos que se cuentan en una foto. Y hay otros que se entienden mejor con un plano mental: un lugar donde se trabaja. Viña del Pañuelo pertenece a ese segundo tipo. No estamos ante un “resto romano” genérico, sino ante un conjunto que permite reconstruir una cadena de producción: agua, arcilla, preparación, secado, cocción, reparación, desecho.

Y lo mejor: no se queda en la excavación. El trabajo se apoya además en estudios de laboratorio y anexos especializados: paleomagnetismo (datación por señal magnética en estructuras cocidas), termoluminiscencia (datación absoluta por luminiscencia), arqueometría (análisis científico de materiales arqueológicos), además de un estudio de metales y un apartado final de fauna. Todo eso lo convierte en una referencia metodológica.


2) Localización y extensión de la intervención

La actuación se desarrolló en el polígono de Viña del Pañuelo, dentro del área arqueológica protegida, con una superficie afectada de unos 3.600 m², repartida en varias parcelas. Es importante porque el conjunto excavado es solo una parte del yacimiento: el resto pudo quedar fuera de la obra o bajo zonas ya transformadas.

En términos de conservación, el punto de partida no era fácil: el registro presentaba arrasamiento y alteraciones, en parte por el uso agrícola previo (viñedo). De hecho, se documentaron manchas oscuras alineadas interpretadas como huellas del cultivo, un “ruido” arqueológico que obliga a afinar mucho para separar lo romano de lo moderno.


3) Metodología: cómo se excavó (y por qué eso importa)

El método combinado fue muy claro:

  • Retirada controlada del nivel superficial con medios mecánicos, hasta alcanzar el nivel arqueológico.
  • En cuanto aparecían estructuras o concentraciones de material, se pasaba a excavación manual y registro por unidades estratigráficas (capas o depósitos diferenciados por su formación y relación con otras capas).

Esto es clave porque un taller no se entiende solo por “lo que aparece”, sino por cómo se relaciona: qué corta a qué, qué rellena a qué, qué se apoya sobre qué.


4) Qué se documentó: el taller por dentro
a) Dos hornos: el núcleo productivo

El conjunto incluye dos hornos, conservados de forma desigual, y esa diferencia ayuda a proponer fases. En un centro productor, el horno es el elemento diagnóstico: donde hay horno, hay cocción; y donde hay cocción repetida, suele haber infraestructura asociada.

Aquí entra lo más interesante: los anexos tratan de afinar la cronología con paleomagnetismo (análisis del magnetismo fijado al cocerse el barro). Es una técnica compleja, pero la idea es sencilla: el material cocido conserva una “firma” magnética que, comparada con curvas de referencia, permite proponer fechas.

b) Agua y preparación de la arcilla

Se documentan estructuras interpretadas como depósitos y posibles elementos de preparación:

  • Depósitos de agua (estructuras para almacenamiento), imprescindibles para trabajar la arcilla.
  • Restos muy deteriorados de un posible sistema de piletas o piscinas de decantación (estructuras para separar partículas finas y limpiar la arcilla), con indicios de revestimiento hidráulico.

Aunque la interpretación está bien argumentada, se presenta con prudencia: el arrasamiento obliga a no “cerrar” conclusiones donde el registro no lo permite.

c) Solera de tejas: un pavimento funcional

Uno de los detalles más llamativos es una solera de ímbrices (pavimento hecho con tejas curvas). No es un adorno: es una solución práctica dentro de un espacio de trabajo (estabilizar el suelo, aislar de humedad, crear una superficie útil).

En ese contexto se registra incluso una pella de arcilla (masa de barro sin cocer), un indicio sugerente de actividad de preparación o manipulación.


5) Producción: lo que aparece, lo que falta y lo que se puede afirmar

Aquí la investigación está muy bien planteada porque mezcla indicios fuertes con cautela.

El material más recurrente en los contextos excavados son las ímbrices (tejas curvas romanas), con datos métricos concretos que permiten visualizar el tipo de producción. Frente a eso, las tégulas (tejas planas romanas) aparecen muy poco, y otras categorías de constructivo cerámico también son escasas.

La autora insiste en un matiz importante: no se documenta un testar (vertedero típico de un taller con descarte sistemático de producción) en sentido pleno. Eso obliga a no convertir la hipótesis de especialización en un dogma. Aun así, la combinación de hornos + contextos con abundancia de teja curva + restos asociados sostienen la identificación del conjunto como centro productor de cerámica constructiva.

El resultado final es el que más me gusta en divulgación: se cuenta lo que se sabe, y también lo que no se puede asegurar.


6) Cronología: fases y duración

El estudio propone que la actividad del taller arranca en época altoimperial (a partir de materiales asociados y lectura estratigráfica), y que el conjunto presenta fases posteriores. Uno de los hornos se relaciona con una fase temprana; el otro se vincula a un momento más tardío, con datos que permiten situar su funcionamiento y amortización en época bajoimperial (siglos IV–V).

Para afinar, se recurre a técnicas como:

  • Termoluminiscencia (datación absoluta por luminiscencia), usada para estimar cuándo se coció una muestra por última vez.
  • Arqueometría (análisis científico de materiales arqueológicos), que incluye aproximaciones mineralógicas y de composición para comprender materias primas, procesos y posibles procedencias.

Sin necesidad de entrar en ecuaciones, el mensaje es claro: aquí no se trabaja solo con “parecidos”; se intenta sostener la cronología con herramientas de laboratorio.


7) fauna (lo que nos dice sobre la vida alrededor del taller)

El estudio final de fauna es una joya porque añade una capa que la cerámica no puede contar: qué se comía, qué animales circulaban, qué restos se tiraban.

Se subraya que la muestra es relativamente reducida, pero lo relevante es su lectura contextual:

  • Hay un depósito destacado (vinculado a un entorno de horno) con restos identificados como cordero (ovicaprino juvenil) asociado a materiales cerámicos que permiten situarlo en un rango cronológico altoimperial.
  • Además, aparecen restos más dispersos en otros contextos, con ocupación tardía (siglos IV–V).

En el conjunto predominan especies domésticas:

  • Vacuno (bovino), caballar (équido) y ovicaprinos (oveja/cabra), con presencia muy minoritaria de silvestres.
    Se registran huellas compatibles con procesado:
  • Marcas de corte (incisiones de despiece) y señales de percusión en algunos huesos.
    También se mencionan restos quemados, un dato interesante en un entorno con hornos: aunque la interpretación debe ser prudente, estos indicios encajan con un paisaje de actividad donde la vida diaria y la producción comparten espacio.

El retrato que queda es muy potente: el taller no es solo técnica; es un lugar con gente, con consumo, con residuos, con animales y con hábitos.


8) Conclusión: qué nos deja esta excavación

Viña del Pañuelo es, ante todo, un ejemplo de arqueología bien contada:

  • una intervención en un terreno difícil,
  • un conjunto industrial arrasado pero interpretable,
  • hornos + infraestructura de agua y trabajo,
  • materiales constructivos en volumen,
  • y un cierre “humano” gracias a la fauna.

En una serie como Cuaderno de Campo, esto marca el estándar: dato, método y explicación.


Fuente PRINCIPAL

Zarzalejos Prieto, Mar. El alfar romano de Villamanta (Madrid). Serie Patrimonio Arqueológico de Madrid, nº 5 (2002). Monografía de referencia con memoria de excavación, inventario de materiales y anexos técnicos (datación y análisis de materiales, estudio de metales y fauna).